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Lunettes de star

El diablo viste de Prada 2

Céline Roland

5 de mayo de 2026

Le Diable s’habille en Prada 2

Si El diablo viste de Prada nos enseñó algo en 2006, es que un accesorio bien elegido puede cambiarlo todo. Veinte años después, la secuela confirma la regla — y las gafas de sol son la prueba absoluta. En esta película estrenada el 29 de abril de 2026, las monturas no son simples objetos: son una armadura, una señal de poder, una declaración de estilo. Aquí está el análisis completo.

Andy ya no es la joven que tropezaba por los pasillos de Runway con mocasines planos. Ha vuelto, y sus gafas lo demuestran de inmediato. En las primeras escenas neoyorquinas, luce monturas redondas de finas varillas doradas, casi intelectuales, coherentes con su identidad de periodista seria. Luego, a medida que la trama la arrastra hacia las esferas de la moda y los galas, sus gafas evolucionan. Se la ve pasar a unas cat-eye glossy negras, y después a monturas semirrimadas con cristales degradados en ámbar para las escenas de la Semana de la Moda en Milán. Es esta progresión estilística lo que hace que sus gafas resulten especialmente interesantes desde el punto de vista de la moda: funcionan como un indicador de su estado interior. Cuando Andy duda, lleva monturas discretas. Cuando recupera la confianza, sus cristales se oscurecen y sus formas se afirman. La pieza más destacada sigue siendo, no obstante, la montura KHARTOUM de la marca LGR, llevada en una escena en exteriores en Nueva York — a la vez moderna, elegante y perfectamente anclada en las tendencias de gafas del verano de 2026.

El estilo a recordar: cat-eye glossy o shield bronce espejo. La montura de la mujer que sabe adónde va.

Emily ha cambiado más que nadie. Ya no es la asistente histérica que contaba sus calorías en los pasillos de Runway — dirige, decide, corta los presupuestos. Y sus gafas reflejan esta transformación con una brutalidad estilística de lo más estimulante. Sus monturas son futuristas, envolventes, apenas domesticadas. Evoca formas wraparound con cristales tintados en gris verdoso, o marcos ultraminimalistas sin montura aparente con cristales ahumados muy planos. Unas elecciones que se inscriben en una estética casi militar del lujo — fría, estructurada, sin concesión a la fantasía. Donde Miranda usa sus gafas para crear distancia, Emily las usa para avanzar. Sus monturas no miran por encima del hombro: fijan el horizonte. Este pequeño detalle lo dice todo sobre el arco narrativo del personaje en esta segunda película. La pieza más destacada sigue siendo, no obstante, la montura DIORPACIFIC B4I de DIOR, llevada en una escena en exteriores en Nueva York. El estilo a recordar: wraparound futurista o geométrico hexagonal. La montura de quien ya no tiene nada que demostrar — y lo sabe.

Con Miranda Priestly, nada es casual. Ni un gesto, ni un color, ni un material. Sus gafas de sol en esta segunda película siguen la misma lógica implacable que el resto de su guardarropa: dominan antes incluso de que ella hable. La encontramos con monturas oversized de varillas anchas y rígidas, en tonos neutros — negro profundo, carey ahumado, marfil roto. Formas rectangulares ligeramente angulosas que alargan la mirada y crean esa distancia fría tan característica del personaje. Sin fantasía, sin colores vivos. Miranda no juega con las tendencias: las valida o las ignora, y ambas opciones tienen el mismo efecto en el mercado. Lo que llama la atención en sus elecciones esta vez es una ligera evolución hacia monturas más finas en la parte superior del marco, casi arquitectónicas. Un detalle que refleja sutilmente la nueva vulnerabilidad del personaje — siempre en apariencia en control, pero con algo menos blindado que antes. La pieza más destacada sigue siendo, no obstante, la montura TF4238U de TIFFANY&CO, llevada en una escena en exteriores en Nueva York. El estilo a recordar: rectangular oversized, varillas gruesas, cristales muy oscuros. La montura del poder, versión 2026.

Acerca de Céline

Céline Roland

Fundadora